Ya olvidé qué año fue. Sólo recuerdo la escena. Estaba sentada en medio de un juego colectivo, cuando, de pronto, se me acercó. Me dio un papel. Sólo pude leer palabras incoherentes. ¿Qué quiere este sordo?, me dije, para mis adentros...E hice, lo que la mayoría de los oyentes hace en estas circunstancias...escapar....Lo hacemos, no porque nos caigan mal las personas sordas, sino porque nos descoloca el no poder comunicarnos mutuamente. Yo tenía una vaga noción de quién era él. Pertenecemos a la misma comunidad religiosa: somos Santos de los Últimos Días (SUD), aunque asistimos a centros de reuniones diferentes. Somos solteros. Él ahora tiene 40 y yo, 48.
Después de ese primer "encuentro", me olvidé de él. Pasaron varios años. Lo divisé por aquí, por allá; pero sin contacto. La vida, ya se encargaría de reunirnos nuevamente.
Los SUD, tenemos la costumbre de realizar actividades recreativas, bailables o de otra índole, de acuerdo a la edad de sus miembros y, los adultos solteros, no somos la excepción. En diciembre del 2000, se realizó un baile para este grupo etario. La idea era la de generar una instancia de interacción con solteros de otros sectores de la iglesia, en un edificio de fácil acceso. Yo trabajaba en esa época en otra provincia y sólo viajaba los fines de semana a mi casa....Me "produje" para la ocasión (...nunca se sabe a quién puedes conocer en estas actividades...) y pasé directo del terminal de buses al lugar en cuestión. Entré, saludé a los conocidos, eché un vistazo y me dije: "Hermosa decoración; pero ¡Qué poca gente!"..."Si esta cuestión está fome, me voy a mi casa..." (¡Super drástica!)...De pronto, lo vi. No nos saludamos porque justo en ése momento se cruzó un antiguo amigo. Después de conversar un rato, decidí entrar al salón de baile. Al final de la sala, divisé a unos amigos y me dirigí hacia ellos. Y entonces, ocurrió la primera "cosa" extraña. Tuve la certeza absoluta de que mientras yo caminaba por el interior, él iba caminando en la misma dirección por el exterior. Así fue. Yo llego donde mis amigos y él aparece por una puerta, en el mismo lugar. Nos saludó y, luego, se sentó, muy cerca. Nosotros seguimos de pie, conversando. Podía sentir su mirada atenta a nosotros. En cierto momento, mis amigos me preguntaron por una de mis hermanas. Yo les digo que ella estaba encinta y hago el gesto sobre mi vientre. En ese momento caí en la cuenta de que él sacaría por conclusión que la embarazada, era yo. Me reí para mis adentros y seguí conversando.
A estas alturas, ya se habrán dado cuenta de que mi atención interna no estaba precisamente en mis amigos....Y, entonces, ocurrió... Me doy vuelta hacia donde se encontraba...y le vi...No con mis ojos físicos, sino con los espirituales. Su cuerpo y, en especial sus ojos, irradiaban una luz especial. Tuve conciencia absoluta de su presencia. Le descubrí como la persona que es...Y conste que en ningún momento fue su sordera lo principal. No. Sino su condición de hombre, de ser humano, de hijo de Dios, de persona....No me malinterpreten. No es que yo pensase que él no era persona; sólo que él no "existió" para mí, antes de esa experiencia.
Me quedé sin habla por unos minutos. Mis amigos seguían parloteando; pero ni recuerdo de qué hablaban. En ningún momento me le acerqué. Después de un rato, eché un vistazo a la fiesta e hice algo drástico. Encontré el ambiente fome y decidí irme a casa...(A veces, hacemos cada lesera...). Me despedí de mis amigos y de él (no soy tan mal educada) y salí.
Había una luna hermosa esa noche. La miré...Y ocurrió la segunda "cosa" extraña...Sentí un dolor profundo en mi interior. Mientras caminaba, iba diciendo:"Padre, ¿Por qué me duele tanto dejarlo ahí solo?"...Pero, yo, porfiada, seguí caminando. Ya en la calle, me encontré con una pareja de amigos que insistieron en que regresara a la fiesta, pero yo déle con que no. Y me fui...


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